11 de Febrero 2026
Desde luego dormimos hasta tarde y pese a mi intención no llegué a ir al gimnasio. Hicimos limpieza de la casa y del auto y justo ese día se nos vació la garrafa de gas. Alicia fue a la playa por la tarde. Al día siguiente llegaba Magela con Leo y los nietos de Alicia y queríamos ir a recibirlos en el aeropuerto de modo que partimos temprano nuevamente para allá. Para abaratar costos habían hecho un trayecto bastante largo, de Copenhague a Helsinki, de allí a Miami y finalmente a Carrasco. Esta vuelta era bastante más económica que el vuelo directo con Iberia por Madrid. El padre de Magela estaba allí también y con los dos autos nos trasladamos a su casa antes de regresar a Piriápolis. Nuestros amigos Mirta y Per de Copenhague estaban de paseo por Uruguay y el viernes 13 nos comunicaron que estaban visitando a una pareja amiga muy cerca de casa y rápidamente improvisamos una reunión esa misma noche en la cabaña de Alicia con participación de sus amigos también. Decidimos invitar con asado así que después de mi gimnasia nos aprovisionamos en El Depósito. Fue una muy linda reunión pues estos amigos de ellos, de 82 y 86 años respectivamente resultaron ser muy divertidos. Comimos en la cochera y cuando comenzó a refrescar nos mudamos para dentro y se retiraron recién a medianoche. Quedamos en vernos en algún momento con estos amigos, Reina y Ariel en su casa de veraneo del barrio.
Nuestros amigos Lena y Congo nos habían invitado el sábado a una "picadita" que resultó ser un asado completo pues habían invitado a tres parejas más, todos conocidos de Alicia también. Magela y su familia se había instalado por dos días en una cabaña con pileta en el cercano balneario Argentino y luego se trasladarían a Piriápolis. De evento en evento, se estaba celebrando en Pan de Azucar el festival de música "Dulce Corazón del Canto", este año con entrada gratuita. El domingo a la noche hicimos una escapada pues queríamos escuchar al conjunto folclórico "Copla Alta". La concurrencia era enorme y nos costó encontrar donde estacionar de modo que ya habían comenzado a tocar pero logramos escuchar la mayor parte del excelente recital.
Lunes 16. Ese día, además de Magela, Leo y los niños, venía Marcos también de modo que teníamos cartón lleno por lo que decidimos alquilar una casa cercana para nosotros por dos noches. Los chicos llegaron temprano por la tarde, con hambre, y justo habíamos terminado de preparar las empanadas de atún y queso con las que los queríamos invitar. Ellos salieron luego a hacer compras para la cena y alcanzó el tiempo para hacer una escapada a la playa. Alicia quiso ducharse luego en la casa que habíamos alquilado pero no logró que saliera agua caliente por lo que fui a investigar y descubrí que la garrafa del calefón estaba vacía. El propietario resolvió el problema esa misma noche cambiando la garrafa. Después de la cena hicimos una escapada a la ciudad donde había un parque de diversiones para los niños y desde luego terminamos en El Faro comiendo helado. Luego nos fuimos a dormir a la otra casa. Al día siguiente desayunamos todos en la galería y más tarde fueron todos con Alicia a un parque acuático en la ladera del cerro del Toro mientras yo hacía compras para el asado de la noche. También aprovecharon la playa por la tarde. A ese asado estaban invitados Lena y Congo, que querían conocer a los chicos y tuvimos una muy bulliciosa reunión en la cochera hasta altas horas.
Nosotros entregamos la casa al día siguiente por la mañana y desayunamos nuevamente en la galería con los chicos. Ese día partían de regreso a Montevideo pero no antes del almuerzo. Para hacerla facil le pedimos nuevamente a nuestro pollero un pollo al spiedo, esta vez acompañado de papas fritas. Después de dos días de mucho trajín, la casa se sintió muy vacia después de la partida. La tarde estaba bastante fresca pero hicimos una escapada a la playa donde encontramos también a Congo y Lena.
Tal como estaba planeado y para compartir tiempo con la familia, partimos el viernes hacia Montevideo donde habíamos reservado hospedaje en un hostel del barrio de Pocitos que llevaba el rimbombante nombre de "Patio Urbano Suites & Beds". Pasando la ciudad de Atlántida hicimos una parada en el establecimiento de Emmaus donde Alicia entregó una bolsa con ropa. El hostel parecia ser más bien un un conventillo elegante, pero nos dieron una habitación limpia y con baño propio. En las cercanías encontramos un pintoresco restaurante libre de gluten donde almorzamos antes de dirijirnos al parque Rodó donde nos encontramos con Magela, Leo y los niños en la cercanía de las atracciones. Elisa y Nicolás se subieron a algunas de ellas y cuando ya caía la noche nos fuimos con ellos a la cercana heladería La Nueva Roma, de las mejores de Montevideo según los expertos. Magela y Leo tenían planes para la noche y nosotros llevamos a los niños hasta la casa del abuelo en Ciudad de la Costa, donde estaban pernoctando. Dormimos muy bien en el hostel y después del check-out del sábado fuimos a desayunar a una muy buena cafetería sin gluten.
Nos habíamos quedado en Montevideo para participar en el asado de la noche del sábado organizado por el abuelo de los nietos de Alicia con la participación de muchos familiares y amigos. Con un lindo día aunque bastante ventoso comenzamos por ir a la feria de la plaza Biarritz con sus innumerables puestos de venta diversa, y luego al muy interesante museo del poeta Juan Zorrilla de San Martín en su casa de verano de Punta Carretas. Con mucho tiempo disponible continuamos luego con el auto por la rambla hasta las cercanías del castillo Pittamiglio, que tantas veces habíamos visto al pasar pero que nunca habíamos visitado. La visita era guiada, con un guía muy histriónico y compenetrado con las ideas esotéricas de su propietario. La angosta fachada del castillo era engañadora pues descubrimos en su interior un laberinto de salas y habitaciones con abundancia de símbolos místicos además de un jardín con las mismas características. Fue una visita sumamente interesante y a su finalización fue ya hora de seguir viaje a la Ciudad de La Costa para participar del asado. La bulliciosa reunión fue muy linda y recién nos retiramos cerca de la medianoche para retornar a Piriápolis.
Desde luego nos levantamos bien tarde el domingo, día en que Olivia cumplía sus cinco años. Nos comunicamos con todos cuando estaban de sobremensa en Alberti después del festejo, y también hicimos video llamada con Agustín, quien estaba en la Boca con Josefina. y la llevaría de regreso a Burzaco a la mañana siguiente.
Desde hacía tiempo nos venía preocupando una acacia que crecía descontroladamente en el terreno vecino, próxima al parrillero y charlando con Congo nos propuso cortarla con su motosierra eléctrica. El mismo día domingo entré al terreno y desmonté todos los arbustos que rodeaban la acacia para liberar el area y tener acceso al arbol.
Lunes 23. A la mañana me encontré con Congo en el gimnasio y quedamos en que esa misma tarde podríamos intentar deshacernos de la acacia. Él vino por la tarde con la motosierra, y con su experiencia en talado fuimos cortando el árbol hasta dejar solo la base del tronco. Luego hicimos leña de las ramas más gruesas y del tronco, llevando el resto de la poda al monte del otro lado de la calle. Así ya no habría riesgo de incendio y de que el árbol terminara rompiendo el muro medianero. Al atardecer cayó una leve llovizna, insuficiente para contrarrestar la persistente sequía.
Rita, la tía de Leo que vivía con su esposo en Montevideo cerca del Prado, había invitado a cenar a todos el día martes y así fue que arrancamos de nuevo hacia la capital y elegimos un camino poco recomendable por Paso Carrasco dado el intenso tráfico, el mal estado de las calles y la abundancia de semáforos. Llegamos con cierto atraso y nos perdimos la picada, pero disfrutamos mucho de la lasagna que preparó Rita. Para el regreso a Piriápolis elegimos acercarnos a la Rambla y continuar por la costa. Al día siguiente teníamos un nuevo evento, esta vez en Atlántida, donde se juntaba la barra de amigos de Alicia para compartir un asado al mediodía. Eramos más de treinta participantes en la bulliciosa reunión. Regresando a la casa hicimos una parada en el balneario Solís para bajar a la playa donde hicimos una corta caminata al borde del mar embravecido pues soplaba mucho viento y estaba bastante fresco.
El 26 de febrero, estaba previsto el viaje de regreso a Suecia de Magela y familia, de modo que arrancamos nuevamente para Montevideo para juntarnos con ellos en el restaurante "Portugalia" sobre la avenida Giannattasio para la comida de despedida. Su vuelo salía recién a las once de la noche por lo que luego hicimos tertulia en casa del padre de Magela antes de partir con ambos autos al aeropuerto. Tenían un viaje bastante extenso pues volaban a Miami, de allí a Londres y finalmente a Copenhagen. Ese día recibí también un mensaje de Daniela Propato informandome que su padre estaba internado desde hacia once días con un cuadro de salud muy delicado. Al día siguiente fue Alicia en ómnibus a Montevideo para encontrarse con su sobrina Lucía y también con una amiga mientras que yo iba a gimnasia y luego me dedicaba a hacer algunas reparaciones en la vereda que rodeaba la casa. Hablé también con Antonieta, quien estaba en el hospital acompañando a Antonio. Tenía una seria infección que estaban tratando de combatir y la situación era muy preocupante.
Nos levantamos el sábado con las nefastas noticias de un nuevo ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, que podía desembocar en un conflicto regional de consecuencias imprevisibles para el mundo. Habíamos reservado entradas para ir al parque de esculturas de Atchugarry a escuchar un recital de gospel y si bien salimos con amplio margen de la casa además de contar con toda la tecnología disponible me equivoqué de camino y llegamos segundos antes de que comenzara el espectáculo. Fue un muy buen recital y además disfrutamos de la puesta de sol en el hermoso predio mientras se iban iluminando las esculturas. Al regreso pasamos por la Barra de Maldonado y nos detuvimos en el restaurante Gualicho para cenar. Fueron platos frugales pero muy sabrosos. Más adelante sentimos un ruido extraño en una de las ruedas delanteras del auto y regresamos a marcha lenta a Piriápolis. La visita a Reyna y Ariel la hicimos al día siguente de tarde y asi conocimos su casa de verano, que de hecho habían "heredado" de una señora a la que habían cuidado y no tenía descendencia. Hermosa casa sobre la ruta y frente a la playa. Desde allí vimos una memorable puesta de sol.
Lunes 2 de Marzo. Ese día recibimos una llamada de Roberto y Cecilia, nuestros amigos de Mallorca, que estaban pasando unos días en Piriápolis. Quedamos en encontrarnos en el centro al anochecer, y después de regresar de la playa partimos para allá con las bicicletas. Fue una alegría encontarnos con ellos y los acompañamos a cenar en el restaurante "8 Nudos" de la rambla de los Ingleses. Así nos pusimos al día con las novedades pues hacía tiempo que no nos veíamos y además los invitamos para venir a cenar a la casa al día siguiente. Yo había reservado turno para llevar el auto al taller en Pan de Azúcar para hacer el servicio anual, y lo llevé temprano por la mañana del martes. El regreso fue en ómnibus hasta la terminal y después de hacer algunas compras volvía a pie hasta la casa. A la noche vinieron Roberto y Cecilia y cenamos al reparo de la cochera. Esta vez no fue asado...
Después de la gimnasia del miércoles, a la que fui en bicicleta, caminé hasta la avenida Artigas para tomar el ómnibus y retirar el auto del taller. Afortunadamente el ruido en la rueda era una piedrita que se había metido en el disco de freno. Por lo demás estaba todo en orden. A la tarde y a pesar de estar fresco dimos una vuelta por la playa. Alicia fue a ver a su amiga Rosita al día siguiente por la tarde mientras que yo me ponía a reparar algunas baldosas de la veredita que estaban quebradas. El día 6 cumplía años Nicolás, el nieto de Alicia y nos comunicamos con él por la tarde. Ese día reservamos también un hotel en Montevideo para el sábado pues ibamos a ver la ópera Carmen y el domingo traíamos a Marcos a Piriápolis.
Aprovechando la ida a Montevideo pasamos primero por la casa del padre de Marcos y fuimos a almorzar con él a un restaurante cercano. Luego dejamos a Marcos en su casa y continuamos hacia el barrio Malvín de Montevideo a visitar a Manuela, la amiga de Alicia y a su hermana. Se acercaba la hora de ir al teatro y previamente teníamos que ir al hotel Circus de la ciudad vieja a dejar nuestras cosas y cambiarnos. Desde allí era poca la distancia al teatro del Sodre y fuimos a pie. Al llegar coincidimos con el arribo de Yamandu Orsi, el presidente de la República, quien casualmente venía también al teatro y Alicia logró sacarse una linda foto con él. La ópera fue fantástica y los artistas muy ovacionados por el público. No queríamos volver al hotel a pie por las desiertas calles de la ciudad vieja y optamos por tomar un taxi.
El domingo nos levantamos bastante tarde y tuvimos todo presto para dejar el hotel a las once. A pocas cuadras de allí encontramos un buen lugar para hacer ya un brunch antes de dirijirnos a la feria de Tristán Narvaja donde nos encontramos con Marcos. Él estaba haciendo algunas compras finales en vista de su próxima partida para Suecia. El plan era que regresara con nosotros a Piriápolis y de pasada por la Tienda Inglesa nos hicimos de alguns provisiones incluyendo un pollo asado para la comida de la tarde. Lena y Congo pasaron por la casa para despedirse de Alicia y Marcos.
Lunes 9. Hilian e Isabel querían reunirse también con nosotros y quedamos con encontrarnos ese día con ellos en el mirador de la cantera de Nueva Carrara, cerca de Pan de Azúcar. Habían construido un mirador muy lindo, que tenía piso de vidrio y se extendía hacia el vacío sobre el espejo de agua color turquesa. Almorzamos luego muy bien en las cercanías, en La Casa de la Abuela. Estaba en el campo y tenía mesas al aire libre, donde disfrutamos de un excelente asado. El regreso a Piriápolis fue por Punta Negra e incluyó luego una caminata por la rambla además de helados de El Faro.
Marcos regresaba el martes a Montevideo y mientras yo iba a gimnasia Alicia lo acompañó a la parada de ómnibus. El día era soleado y por la tarde fuimos a la playa aunque fue corta la estadía allí pues había bastante viento y estaba muy fresco. Cruzamos algunas palabras con Congo y Lena y regresamos a la casa. Dado que Alicia partía el jueves, el día anterior no le quedó más remedio que preparar el equipaje. Yo hice una escapada al centro con la bicicleta, donde compré pedales para mi bicicleta nueva, más cómodos que los originales. También pasé por el Depósito y allí me tocó justo una llovizna que no pasó a mayores.
Así llegamos al 12 de marzo y partimos a media mañana hacia el aeropuerto donde nos encontramos con Marcos y su padre. Mientras hacían los trámites de embarco anunciaron que la partida se había retrasado una hora y media. Dimos por descontado que Alicia no llegaría a tiempo a Madrid para la conexión a Copenhague y estaba por verse que solución le propondría Iberia.
Desde su llegada a Madrid Alicia me tuvo informado sobre su odisea. Por lo pronto la esperaban con un nuevo itinerario con Swiss vía Zurich, que saldría recién casi doce horas más tarde. Tuvo que retirar además su valija y despacharla nuevamente, y como sustento le dieron dos vouchers para comer en la terminal. El vuelo a Zurich salió también con retraso de modo que estaba en peligro su nueva conexión a Copenhague pero milagrosamente y con veinte minutos disponibles logró abordar su vuelo final. Su valija llegó también, pero el tren a Malmö que a esa hora era poco frecuente, llegó también con mucho atraso. Marcos le había pedido un Uber que la estaba esparando en el Triángulo y así llegó finalmente al departamento. Para colmo se encontró con que estaban renovando nuestro ascensor y tuvo que cinchar la valija el primer tramo de escalera. Mientras Alicia sufría todas estas peripecias, yo iba a Gimnasia y luego a cortarme el cabello. A la tarde repuse el aplique exterior frente al galpón cuyo portalámparas se había averiado y me dediqué también a tratar de quitar la plaga que estaba atacando a nuestro naranjo, que este año estaba sobrecargado de fruta. El fin de semana lo dediqué también a encarar diversas reparaciones en la casa, pequeñas pero necesarias.
Lunes 16. Fuí por la mañana a hacer mi gimnasia habitual para continuar luego con los trabajos de mantenimiento en la casa. Tuvimos un pico de temperaturas de 33 grados, ya un poco inusual para la época. Ya tomada la decisión de viajar a Buenos Aires el miércoles 25, compré el pasaje en Colonia Express que me dejaría en la Boca poco después de las siete de la tarde. Este año celebraba Alicia su cumpleaños en Suecia mientras yo estaba en Uruguay. El tratamiento de su problema dental estaba ya en marcha allá de modo que había sido una buena decisión haber adelantado su viaje. Recién me enteré el jueves 19 de la triste noticia del fallecimiento de Antonio el día martes 17 y me comuniqué con Antonieta para dar mi pésame. Después de la gimnasia del viernes crucé la calle para ir a la terminal de ómnibus para comprar el pasaje a Montevideo del día miércoles.
Como el fin de semana se presentó lluvioso me dediqué de lleno a terminar de reparar los detalles del dormitorio chico además de renovar la mesada del baño lijando la madera y aplicando protector. Recibí buenas noticias de Bariloche pues Elsa me contó que finalmente habían recibido la escritura del terreno de su casa después de años de litigio.
Lunes 23. Como amaneció lluvioso fui al gimnasio con el auto e hice luego las últimas compras previas al viaje, y antes de regresar a la casa pasé por la policlínica para recibir la vacuna contra la gripe que se comenzaba a aplicar ese día. Alicia tenía turno con el cirujano dentista quien le extrajo con éxito la problemática muela. En la casa le dí la última mano de protector a la mesada del baño y coloqué las nuevas patas de madera al mueble. A Nicolás lo informé de mi partida y le encargué que mirara la cabaña. El martes lo dediqué a preparar el equipaje necesario para mi estadía en la Argentina además de hacer un lavado que incluía las sábanas de la cama grande. También preparé viandas para el viaje y pasé a saludar al Congo, quien insistió en llevarme al día siguiente a la parada 10.