5 de Diciembre 2025
El viaje a Buenos Aires fue en ómnibus y barco como en ocasiones anteriores, partiendo de Piriapólis a la mañana y de Montevideo poco después del mediodía. Con el barco de Colonia Express llegué puntualmente a La Boca, donde me esperaban Karin, Agustín y Camilo. Este último se quedó luego en casa de su madre y nosotros continuamos en ómnibus a Constitución, donde el caos de gente a esa hora era monumental. Agustín había dejado su camión blanco cerca de la estación de Burzaco y con él fuimos hasta la casa de Karin donde se armó una picada. Al rato vino Coty con Josefina y Luz en su auto. Decidimos que lo más cómodo era que yo me quedara a dormir en casa de Karin, en la habitación de Laia e Ines. A ellas no las había visto aún pues estaban con su padre.
Agustín pasó a buscarme temprano a la mañana siguiente con su camión para ir hasta Puente Saavedra a levantar unas estanterías de madera en la casa del padre de la profesora de teatro de Gabriel en Alberti. De allí continuamos hasta la Boca y transferimos las estanterías al camión azul , con el que partimos hacia la casa de Daniela a buscar a Camilo. La siguiente parada era en la tapicería de Daniela, ya que había que transportar un sofá y varios almohadones retapizados hasta un hotel céntrico. El camión comenzó a crear problemas pues no quería arrancar pero finalmente Agustín logró ponerlo en marcha y en el hotel dejamos la carga para levantar más almohadones que tenían que ser retapizados. Después de dejarlos en la tapicería regresamos a Burzaco y me quedé en casa de Karin tratando de reparar el depósito del inodoro para lo cual recorrimos cuatro ferreterías cercanas buscando el repuesto. Finalmente lo conseguimos y lo reemplazamos, pero la mochila quedó goteando un poco. Mariano apareció con mis nietas y ya al anochecer nos trasladamos los cuatro en taxi hasta la casa de Coty a compartir pizzas. Agustín le había construido un trailer a Gabriel y la idea era llevarselo al día siguiente a Alberti. Entre varios lo cargamos en el camión y en el operativo y de puro atropellado, se lastimó el tobillo uno de los ayudantes a tal punto que tuvo que ir al hospital a coser la herida y darse la vacuna antitetánica. Esa noche me quedé también en casa de Karin y las niñas durmieron en su cama.
Agustín pasó a recogerme el domingo bien temprano, con Camilo aun durmiendo en el camión, y partimos para Alberti por una ruta que pasaba por Cañuelas y Roque Perez. Me gustó ese camino por lo tranquilo, a pesar de que a la salida de Buenos Aires observamos el contraste entre barrios miserables y barrios cerrados. Llegamos sin inconvenientes Alberti, donde Gabriel estaba solo con las niñas pues Valeria trabajaba en Capital. Bajamos el trailer con ayuda de unos chicos conocidos y comimos pollo asado en el hermosos jardín de la casa mientras los niños enloquecían a las gallinas y sus pollitos. Después de dejar las estanterías fuimos al campo adquirido por Gabriel y nos mostró los detalles del proyecto sustentable que tenía en marcha. Era un lindo lugar para un emprendimiento de ese tipo, pero tenía que convivir con los mosquitos y los mortíferos barigüis que hicieron notar su presencia. Los niños descubireron el arenero de la obra y se divirtieron mucho allí. Después de la tardía cena en la casa salimos Gabriel y yo en bicicleta y compramos helados en el centro de Alberti.
Lunes 8. Teníamos que regresar ese día y después de una tertulia mañanera partimos a media mañana hacia Buenos Aires haciendo el camino inverso. Cuando llegué a casa de Karin la encontré durmiendo la siesta con las niñas y yo me puse a trabajar con la mochila del inodoro tratando sin éxito de que dejara de gotear. Quedamos en que Karin buscaría la ayuda de un plomero para terminar de arreglarlo. Aun hubo tiempo para salir a dar una vuelta por el centro de Burzaco y aproveché para comprar protector solar a precio muy inferior al de Uruguay además de algunas botellas de vino con el mismo argumento. Karin propuso dejar al día siguiente a Ines en la guardería para acompañarme luego junto con Laia a la Boca. Ibamos a encontrarnos con Agustín en la estación del tren pero nos desencontramos. Karin iba a aprovechar para retirar su pasaporte sueco en la embajada, que estaba en Puerto Madero, y después de tomar algo en la terminal de Colonia Express nos despedimos por esa vez.