25 de Marzo 2026
Minutos después de las diez de la mañana pasó Congo a buscarme y me dejó en la parada 10 para tomar el ómnibus a Montevideo. Con ámplio margen esperé en Tres Cruces la partida del ómnibus a Colonia, y ya en la terminal portuaria me encontré con una multitud de pasajeros y largas colas al haber una partida casi simultánea de dos ferries a Buenos Aires. Con un poco de atraso zarpamos finalmente e hicimos el cruce a la Boca donde me estaba esperando Agustín. Él ya estaba ocupando el departamento de la calle Blanes que le había alquilado a Valeria y yo me instalé allí por unos días. Por ser miércoles estaba Camilo también, y a la noche compartimos unas muy ricas empanadas preparadas por Agustín.
El día siguiente fue muy movido, y comenzamos acompañando a Camilo a la escuela para ir luego a una pinturería del barrio a comprar removedor y lijas pues comenzaba el proceso de renovación del departamento que había comprado Mirta en Catalinas. Cuando lo vimos pude darme cuenta de la magnitud de la tarea que comenzó ese día cuando se hizo presente Nicolás, el chico que había contratado Agustín. Él le dejó instrucciones y luego caminamos hasta el supermercado Coto dela avenida Martín García para comprar toallas que se necesitaban en Blanes. Como Agustín tenía turno odontológico en un consultorio de la Boca lo acompañé hasta allí regresando luego al departamento a esperar a Karin. Yo había llevado conmigo un frasco con pesto y lo usamos ese día como salsa para la pasta del almuerzo. Karin tuvo una clase de sueco on line y más tarde acompañamos a Agustín hasta el local de teatro donde iba todos los jueves, conociendo así a sus pintorescas compañeras de curso y su directora. Karin regresaba a Burzaco y la acompañé a pie a Constitución. La última caminata del día fue con Agustín a una hamburgería de la avenida Caseros.
Agustín tenía programado un transporte para el viernes y después de hacernos de unas facturas en la cafetería de Puerto Pampas fuimos al garage donde estaban los camiones para encontrarnos con Checho y Sebastián y partir hacia el centro a levantar varios cuadros de apreciable tamaño. Esos cuadros terminaron en Barracas y ni bien regresamos a la Boca dejamos el vehículo y partimos para Burzaco pues siendo viernes le tocaba a Agustín retirar a Josefina de la guardería. Yo llevé mi mochila con lo necesario para pasar el fin de semana en casa de Karin. Laia e Inés estaban con ella y como la tarde era muy agradable llevamos a las niñas a la plaza. Quedamos con Agustín que él vendría el domingo a compartir un asado.
El 28 de marzo cumplía Esa sus 80 años y como estaba de paseo en Chile con Cacho y sus hijas nos comunicamos con Andrea para felicitarla. Ese día partía también Johanna con su familia a Kenia. Por nuestra parte habíamos acordado con Antonieta Propato que pasaríamos por su casa en Bella Vista, un proyecto que sin duda nos iba a llevar todo el día al hacer uso del transporte público. Comenzamos yendo en tren a Constitución para seguir desde allí en subte a Retiro y finalmente con el tren a Bella Vista, en total casi tres horas de viaje. Hacía décadas que no tomaba el subterráneo. Matías pasó a buscarnos a la estación y en el breve traslado hasta la casa nos contó cómo había sido todo el proceso que había culminado con el fallecimiento de Antonio. Encontramos a Antonieta aun reponiéndose del chock pero bastante animada y aun más cuando llegaron Romina con su marido e hijos y Lorena. No quisimos extender demasiado nuestra visita teniendo en cuenta el largo viaje de regreso, y contamos nuevamente con la asistencia de Matias para llevarnos a la estación. Inés había dormido una corta siesta en la casa pero igualmente hubo algunos conflictos entre hermanas antes de llegar ya de noche a Burzaco.
El asado del domingo terminó convirtiendose en una raviolada ante la amenaza de lluvia por lo que Agustín guardó la carne ya comprada en el freezer antes de venir a Burzaco con Camilo y Josefina. Nosotros compramos una buena cantidad de ravioles en la fábrica de pasas del barrio además de una torta helada y yo preparé luego la salsa de tomate. Ciertamente llovió durante la primera parte del día pero al mejorar hacia la tarde llevamos a los chicos a la plaza antes de que Agustín regresara a Capital con Camilo y Josefina.
Lunes 30. Continuando con el plan de viaje, ese día tenía previsto ir a Alberti con Agustín y Karin. Agustín vino de Capital a dejar a Josefina en la guardería y luego nos juntamos con él para regresar a la Boca a buscar mi valija y subirnos al camión azul con el que partimos. Como tomamos el acceso oeste y la ruta 5 paramos en el conocido puesto "Choripaso", justo antes de la entrada a Chivilcoy para almorzar. Había llovido mucho en Alberti y la entrada al terreno que había comprado Gabriel tenía bastante barro pero el camión entró sin problemas. Después de descargar una bañera vieja que había sacado Agustín del departamento de Mirta cargamos algunos de sus enseres, incluido un lavarropas y nos dirigimos a la casa de Gabriel. Valeria estaba trabajando en Buenos Aires y Olivia en casa de su abuela, mientras que Lucía se encontraba en la escuela. Al rato la pasamos a buscar con el jeep y también fuimos a ver el nuevo proyecto de construcción en la casa que Gabriel tenía en la ciudad. Después de dejar algunas cerámicas en el otro terreno cenamos en la casa y nos repartimos colchones para pasar la noche.
El viaje a Bariloche con Gabriel y Lucía comenzó el martes por la mañana, mientras Agustín y Karin volvían a Buenos Aires. Valería y Olivia tenían previsto volar ese mismo día con Flybondi, pero esa poco confiable aerolínea había reprogramado su viaje para el día martes a la tarde. Nosotros hicimos una primer parada en la estación de servicio de Pellegrini para encontrarnos con Cristina, la estanciera dueña del local y también de un campo cercano. Gabriel estaba desarrollando con ella algunos proyectos tecnológicos y recibimos interesantes informaciones sobre la conducción moderna de los cultivos del campo. Fue también muy generosa al negarse a cobrar nuestras compras de comida. Hicimos una nueva parada en Chacharramendi, donde comenzaba la monótona carretera hasta el cruce con la ruta 40, donde llegamos después de la puesta del sol. Los siete kilómetros restantes hasta el motel de 25 de Mayo se encontraban en el mismo estado desastroso de siempre, inexplicable ante el intenso tráfico de camiones. Después de instalarnos en el motel cenamos muy bien en el restaurante del ACA.
A las siete de la mañana del día siguiente comenzaban a servir el desayuno y la condición para acceder al mismo era presentar la bolsa con los controles remotos y la llave de la habitación. El buffet estaba preparado pero lo servía la moza, limitando la ingesta a dos medialunas y dos tostadas por persona. Se negaba también a llenar el termo para el mate pero más tarde tuvo que cambiar de opinión al no haber cospeles para utilizar el expendedor. Con el auto cargado continuamos nuestro viaje, mientras Valeria nos informaba que su vuelo se estaba retrasando continuamente. La provincia de Neuquén se caracterizaba por el boom de la actividad petrolera y se notaba en el crecimiento de la ciudad. Descubrimos que había una nueva ruta de circunvalación aún más alejada del centro, que agilizaba considerablemente el tráfico y rápidamente accedimos a la ruta 237. El plan era tomar la ruta de los siete lagos de modo que después de la bajada del Collón Curá nos dirijimos a Junín de los Andes donde almorzamos en la YPF Full. La última información de Valeria daba como hora de llegada a Bariloche la una de la mañana. Nosotros hicimos el hermoso trayecto por San Martín de los Andes y los siete lagos aún de día y con un día soleado. A la puesta del sol ya habíamos dejado atrás a Villa La Angostura y ya de noche, con intenso tráfico urbano, llegamos a la cabaña de Andrea y David. Después de instalarnos hicimos tiempo hasta medianoche para ir al aeropuerto a recibir a Valeria y Olivia.
Las viajeras llegaron finalmente a la una de la mañana del jueves y como hicimos aun una tardía cena la noche fue corta para mí. Había prometido a Cacho y Elsa ir a compartir un desayuno con ellos a las ocho, mientras el resto de la familia dormía aún. Con un hermoso día de sol querían ir a alguna playa y se me ocurrió hacer el circuito chico con parada en el puente entre los dos espejos de agua del lago Moreno eligiendo la llamada "playa sin viento" para merendar. Luego continuamos hasta Bahía Lopez para hacer la caminata de un kilómetro y medio por la picada al mirador del brazo Tristeza. Cuando regresamos a Bariloche pasamos a saludar a Cacho y Elsa y quedamos en reunirnos el domingo al mediodía en la pizzería Brooklin para festejar el cumpleaños de Elsa.
Las niñas habían visto el día anterior el telesferico a la cumbre del cerro Otto y querían hacer esa excursión. Yo ya había ido nuevamente a desayunar temprano con Cacho y Elsa y salimos luego al kilómetro cinco del camino de los Pioneros a hacer la larga cola de turistas que tenían la misma intención. Una vez que llegamos a la cumbre salimos a explorar los alrededores y disfrutar del magnífico paisaje con el majestuoso cerro Tronador como telón de fondo. La confitería giratoria era inaccesible debido a la cola de gente pero pudimos merendar en la cafetería del piso inferior antes de emprender el regreso. Casualmente, a la bajada nos tocó la misma gondola con la que habíamos subido. Ya a la distancia vimos que la ruta al centro estaba congestionada y a paso de hombre llegamos a la ciudad logrando estacionar a buena distancia del centro cívico donde estaba programada una exhibición de música con acrobacia. Bajando hacia el centro cívico pasamos por la casa donde habían vivido mi tía Ellen y el tío Andrés. Estaba condenada pues había sido vendida a una empresa constructora que seguramente terminaría tirandola abajo. Final de una época pasada...Antes de que comenzara el espectáculo dimos una vuelta por el puerto y el exterior del museo de las Malvinas con su avión Mirage sobre un pedestal como mudo testigo de un triste episodio de la historia argentina. Nunca antes había visto el centro cívico tan abarrotado de gente para presenciar el evento, ciertamente espectacular. Duraba bastante tiempo y nos retiramos antes de su finalización para buscar un lugar donde comer, terminando en el restaurante Jauja donde nos invitó Valeria con la cena.
El plan del sábado era ir al Bolsón y Puelo, con parada para almorzar antes de entrar de entrar a Bolsón. Al regreso del desayuno con Cacho y Elsa partimos hacia el sur, con un precioso día nuevamente, y el lugar elegido para almorzar fue El Bodegón, donde un plato de milanesa alcanzaba para tres personas. Miguel, junto con su hijo Christian, Carolina y las dos niñas estaban en una chacra entre el Bolsón y Puelo y dimos con ellos cuando estaban terminando de almorzar con familiares y amigos. Desde allí partimos en caravana a la casa de Christian, Miguel con otro auto al que yo conocía, por haberse accidentado dos meses antes en la ruta de Bariloche. Él la había sacado barata pero el auto había quedado inservible. Había una propuesta de ir al cierre de la fiesta del alfajor donde repartían el alfajor supuestamente más grande de la Argentina con sus 200 kilos, pero preferimos ir a una playa del lago Puelo por un bonito sendero. Alli estuvimos hasta la puesta del sol y luego partimos directamente hacia Bariloche ya con noche cerrada. Poco tráfico había en la ruta, que en general estaba en buen estado, y a las once de la noche estábamos de regreso en la cabaña. A todo esto le habían informado a Valeria que su vuelo de regreso había sido cancelado. Buscando cómo encontrar vuelos alternativos no había ninguno antes del miércoles y después de evaluar las opciones decidió regresar a Alberti con nosotros en el auto.
El coche merecía una limpieza, lo que hicimos el domingo a la mañana después de mi desayuno con Elsa y Cacho. Al mediodía nos reunimos todos en la pizzería y además de la familia vino Erica, la amiga de Elsa. Mi prima Eleonor estaba en Ñorquincó con su hija por lo que no pudo estar presente en la celebración. La semana de pascua había sido también la semana de la fiesta del chocolate en Bariloche aunque se estaba cerrando ya. Gabriel quería trabajar con su computadora y fue a una cafetería mientras Valeria, mis nietas y yo ibamos de compras por la calle Mitre. Compramos chocolate y buscamos además prendas para regalarle a Gabriel en su cumpleaños. Como teníamos tiempo paseamos un rato por la bonita costanera visitando esta vez el museo de las Malvinas antes de regresar a la cabaña con el auto. Gabriel volvió más tarde en taxi.
El cumpleañero se empeñó en hacer un asado de celebración y por la mañana me pasó a buscar a la casa de Elsa para ir a comprar carne a la carnicería "Del Barrio" recomendada por Cacho. Temprano por la tarde estuvo listo el excelente asado, aunque Andrea se lo tuvo que perder a causa de su trabajo. Ella había hecho una tarta de cerezas para la ocasión y pudimos disfrutar tanto del asado como del postre al aire libre. Aún había tiempo para hacer un nuevo paseo y esta vez subimos en auto a la cumbre del cerro Otto para recorrer desde allí la picada que terminaba en la piedra de Habsburgo, a unos 3 kilómetros de distancia. Era mayormente caminata de bosque, con hermosos colores otoñales, y la vista desde la piedra era espectacular. Las niñas hicieron muchos trechos a pie, aunque hubo oportunidades en que Gabriel tuvo que llevarlas alzadas. Al regreso alcanzamos aun a ir al centro a cambiar una prenda de los regalos a Gabriel. Era el último día de nuestra estadía en Bariloche y queríamos salir temprano al día siguiente por lo que comenzamos a empacar antes de acostarnos.
Después de despedirnos de Andrea y David pasamos a saludar a Elsa y Cacho y partimos hacia Las Grutas por la ruta 23, de la cual conocía solamente el tramo a Pilcaniyeu. Eran en total unos 650 kilómetros, de los cuales los primeros 150 hasta la localidad de Clemente Onelli tenían largos trechos aún de tierra, relativamente en buen estado. Cruzamos innumerables veces las vias del ferrocarril patagónico e hicimos una parada en Ingeniero Jacobacci para aprovisionarnos. A Las Grutas llegamos aún de día y nos instalamos en un muy amplio departamento del complejo "Tamariscos" que contaba incluso con una pileta donde las niñas se dieron un chapuzón. Mientras Valeria y mis nietas se quedaban descansando salí a caminar con Gabriel por la costanera y bajamos a la playa, sumamente extensa en ese momento por ser la bajamar. Pudimos apreciar asi parte de las grutas que le daban el nombre al lugar, además de dar una vuelta por el centro donde vimos una marisquería que más tarde elegimos para ir a cenar. Lo rematamos más tarde en una heladería donde incluso se acercó un cliente contador de Gabriel.
Para que Lucia no perdiera tantos días de escuela decidimos cancelar el siguiente pernocte en Ataliva Roca, antes de Santa Rosa y por lo tanto partimos el miercoles temprano con destino a Alberti, a 950 kilómetros de distancia. Siendo tres los conductores estimamos que no habría problemas. Una primer parada fue en Rio Colorado y la segunda en Santa Rosa. Allí tomó el volante Valeria y sanos y salvos llegamos a Alberti donde recogimos de pasada empanadas pedidas por Gabriel para la cena.
Había decidido quedarme en Alberti hasta el sábado, día en que todos iban con el auto a Capital. El jueves a la mañana me ofrecí para cortar el pasto de la casa, que a esa altura estaba bastante crecido, y fue una tarea de varias horas. Fuimos además en bicicleta al terreno de Gabriel, bautizado "El Umbral" a examinar un par de ventanas recicladas que había que pintar, y al regreso compramos lija y pintura para hacer el trabajo al día siguiente. También dejamos y recogimos a las niñas del colegio y la guardería.
El trabajo de renovación de las ventanas en el Umbral nos llevó todo el día viernes y aun así iban a requerir una mano más de pintura. Sergio, de sobrenombre El Tucumano y su señora Sonia que eran los caseros del lugar, nos atendieron muy bien con un asado al mediodía y con torta a la tarde. Por suerte no había ni mosquitos ni bariguis que molestaran. Al mediodía del sábado partimos todos de Alberti y yo me alojé nuevamente en el departamento de Agustín, quien estaba con Josefina y Camilo. Antes de cenar fuimos a la placita cercana con los niños para que quemaran energia mientras nosotros la acumulábamos con medialunas de la cafetería cercana. Agustín invitó luego con empanadas de atún.
Con dos semanas de postergación, el domingo se hizo finalmente el asado en casa de Karin. Después del desayuno partimos Acustín, Camilo, Josefina y yo para Burzaco. Llevando la carne ya descongelada comenzamos por caminar a Constitución para tomar el tren y ya en Burzaco caminamos hasta la casa y se prendió enseguida el fuego. Al rato legó Gabriel con toda la familia y así se armó una linda reunión con la presencia de seis de mis nietas y nietos. Aproveché para hacer un lavado de ropa y más tarde fuimos a buscar una torta en la confitería Bariloche para celebrar una vez más el cumpleaños de Gabriel. Cuando todos partieron a sus respectivos destinos me quedé con Karin para pasar la noche en Burzaco pues ella necesitaba ayuda con las niñas al día siguiente.
Lunes 13. Antes de que Karin se ocupara con una lección de sueco on line fuimos a la calle comercial a comprar zapatillas para Laia y Durante la hora en que Karin daba su lección quedé a cargo de cuidar a Laia e Inés. Había quedado bastante carne del asado y fue nuestro almuerzo antes de partir hacia la Boca. Karin tenía que asistir a la reunión anual en la iglesia sueca y las chicas se quedaron a nuestro cargo durante ese tiempo. Salimos con ellas a mirar como iba quedando el departamento de Mirta, ahora en plena renovación y más tarde regresó Karin además de venir Gabriel a comer. Dada la hora que era convencimos a Karin de tomar un Uber hasta su casa con las niñas, y nosotros nos acercamos al departamento de Helena a buscar a Lucia y Olivia para que durmieran en el departamento de Valeria pues al día siguiente regresaban temprano a Alberti cuando Valeria viniera de su trabajo. Yo armé todo lo posible mi equipaje pues el martes regresaba al Uruguay por la mañana.
Agustín tenía tiempo para acompañarme a la terminal de Colonia Express desde donde partía el ferry a las diez y media, pero antes de eso fuimos a la cafetería del edificio de Valeria a desayunar. Como siempre, cruzaba mucha gente a Colonia pero el trámite fue rápido y el viaje muy tranquilo. La espera en Tres Cruces fue corta y a las seis de la tarde abrí la puerta de la cabaña donde todo estaba en orden, salvo una buena cantidad de hormigas muertas en el piso, vaya a saber de que hormiguero.