15 de Enero 2026
Antes de la partida tuve que ir al centro a hacer la prueba de manejo para renovar mi licencia de conducir, que completé con éxito, y ya con un día excepcionalmente caluroso partimos luego hacia las termas de Almirón, a 430 km de casa. Después de la ciudad de Atlántida tomamos la ruta 11, favorita de los argentinos que iban y regresaban de las playas uruguayas haciendo muchos de ellos temerarias maniobras de sobrepaso. Muchos uruguayos no se quedaban atrás. Antes de llegar a la ciudad de San José dejamos por suerte esa ruta y en Trinidad hicimos una parada en el parque municipal a la sombra de los árboles para sacar nuestras provisiones de la conservadora y almorzar, cuando el termómetro alcanzaba los 35 grados. A media tarde llegamos a las termas y nos instalamos dentro del predio en una cabaña modesta pero con todo lo necesario para la estadía de dos días. Obviamente, ni bien nos acomodamos nos pusimos ropa de baño y fuimos a las piletas donde nos quedamos hasta el anochecer. Aún nos quedaban viandas, que fueron nuestra cena del día.
Dedicamos la mayor parte del viernes a visitar las piletas, principal objetivo del viaje, y como habíamos llevado carne y chorizos a sabiendas de que el complejo de cabañas contaba con parrillas y leña, prendimos fuego al anochecer. Nuestros vecinos tuvieron la misma idea y uno de ellos nos ofreció un muy buen recital de guitarra para amenizar la cena.
Si bien continuabamos viaje a Mercedes al día siguiente, queríamos sacar aun provecho de las aguas termales. Después del desayuno empacamos y cargamos todo en el auto, que trasladamos al estacionamiento con sombra cercano a las piletas, y luego fuimos a bañarnos nuevamente.
Pasado el mediodía emprendimos viaje nuevamente y decidimos tomar un camino un poco más largo a Mercedes para conocer la represa El Palmar del rio Negro. Partes de la ruta en la zona de la represa estaban bastante deterioradas pero valió la pena hacer ese recorrido y ver el gigantesco espejo de agua que había generado el embalse. La ruta pasaba por el largo dique de contención de la represa y habia un mirador, desde el cual pudimos ver unas cuantas nutrias retozando en el agua.
El trayecto de las termas a Mercedes era corto, 180 km., y a media tarde hicimos el check-in en el hotel de siempre, el "Brisas del Hum" frente a la plaza, y siendo una tarde bochornosa comenzamos por ir a la excelente heladería cercana. Ya de noche hicimos la caminata hasta la manzana 20 llevando nuestras sillas playeras y a las diez de la noche comenzó el recital principal de jazz. Entre la multitud de asistentes detectamos incluso una pareja mayor sueca y entablamos conversación con ellos.
El domingo fue un día extraño pues además del calor hubo muchísimo viento y se pronosticaba una marcada caida de temperatura para la noche. Durante el día decidimos ir con el auto hasta el histórico castillo Mauá, que ya conocíamos de visitas anteriores y recorrer nuevamente el museo paleontológico. También visitamos la adyacente bodega Mauá, de propiedad municipal, donde participamos de una visita guiada a las instalaciones. Combinaba la producción moderna de vino con la exhibición de maquinaria y toneles utilizados en épocas pasadas. Desde luego pasamos por la tienda y adquirimos algunas botellas de vino para llevar a la casa. El parque del castillo daba al rio Negro y estaba habilitado para el público asi que nos quedamos un rato allí, mate en mano. Ese día cenamos en un restaurante de la magnífica rambla de la ciudad sobre el rio Negro antes de dirigirnos a la manzana 20 y efectivamente, el cierre del festival se caracterizó por la baja temperatura y a pesar de haber llevado abrigos pasamos bastante frío.
Lunes 19. Era el día en que regresábamos a Piriápolis y para evitar la ruta 11 y sus alocados cunductores hicimos solo el corto tramo hasta la localidad de Cardona, desviandonos luego hacia la derecha para empalmar con la ruta 1 desde Colonia con sus cuatro carriles. De paso conocimos la pintoresca ciudad de Rosario, aunque no nos detuvimos más que en la estación de servicio. Este recorrido nos llevó por la rambla de Montevideo para seguir luego por la ruta interbalnearia hasta la casa.